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El no-negocio del pequeño comercio, ha llegado su hora

Apple saca un nuevo teléfono. Y las colas en las puertas de sus puntos de venta se hacen kilométricas, y desde varios días antes de su puesta a la venta.

Starbucks abre una nueva sucursal en tu ciudad. Y tiene la clientela garantizada desde el minuto uno.

La influencer de moda muestra un modelito de Zara en redes sociales. A las pocas horas las prendas que ha usado se han agotado en las tiendas.

Y en esta línea, miles de ejemplos de cómo grandes empresas que no necesitan siquiera hacer publicidad, cuentan con el apoyo incondicional de una inmensa mayoría de consumidores.

Paralelamente, e intentando sobrevivir en un contexto que tiende hacia las grandes marcas, está el pequeño comercio. ¿Reciben acaso el apoyo que necesitan y se merecen? Y lo curioso del caso es que solemos conocerlos y, en muchas ocasiones, incluso quererlos más que a Amancio Ortega o Steve Jobs, puesto que son nuestros amigos, vecinos y familiares los que están detrás (y delante) de este pequeño comercio.

Ellos también necesitan nuestros “me gustas”, necesitan que les compartamos sus publicaciones, que les etiquetemos cuando hemos consumido algún producto o servicio suyo, pero nos cuesta más hacerlo. ¿Por qué?

Ha llegado la hora del pequeño comercio

Las grandes marcas, empresas y celebridades ya tienen sus bolsillos bastante llenos. Mientras que un pequeño negocio, desde que empieza, necesita de nuestra ayuda para que se vean recompensados todo el tiempo dedicado, la ilusión, los temores, los ahorros invertidos… Conceptos que no se ven en los escaparates de las pequeñas tiendas de barrio.

Por otra parte, mientras las grandes marcas triunfan y se permiten el lujo de regalar a según qué celebridades sus productos, los pequeños comercios a veces se ven llevados a lo que socialmente está más que aceptado: los descuentos a amigos, familiares, incluso conocidos. Pero, ¡si está intentando pagar las facturas para mantener el negocio en marcha!

Si hablamos de calidad del producto, son los que más se preocupan por ofrecer productos y servicios de calidad, más les vale. Si hablamos de servicio y atención al cliente, están ahí dando la cara y tratando de que quedemos totalmente satisfechos. Y si hablamos de precio, ¿cuánto te ha costado el iPhone? ¿cuánto has pagado por ese café en vaso de cartón con tu nombre escrito en rotulador?

No obstante, de momento parece que el único pequeño comercio que se salva de esta tendencia es la hostelería: todo el mundo comparte lo que come. Así pues, ¡buen provecho!

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